
—Reverendo Andrew Linzey
El mensaje de Jesús es de amor y compasión, sin embargo, no hay nada de amoroso o compasivo en los mataderos o en las granjas industriales, en donde los animales llevan vidas miserables y son asesinados de una forma violenta y sangrienta. Jesús ordena bondad, misericordia, compasión y amor hacia toda la creación de Dios. Él estaría horrorizado por la cantidad de sufrimiento que ocasionamos a los animales sólo para complacer el gusto que hemos adquirido por su carne.
Los cristianos tenemos una elección: cuando nos sentamos a comer podemos aumentar el nivel de violencia, sufrimiento y muerte en el mundo, o podemos respetar Su creación adoptando una dieta vegetariana.
En el día sexto Dios creó a los animales y a los seres humanos, y en Génesis 1,28 Dios ordena el cuidado de los animales por parte de los humanos, estableciendo inmediatamente después una dieta vegetariana: «Yo les entrego, para que ustedes se alimenten, toda clase de hierbas, de semilla y toda clase de árboles frutales». La ley eterna de Dios que fue dada a los seres humanos en el Génesis, declarada por los profetas y reiterada por Jesús, es la ley del amor y la compasión: «Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes».
La evidencia de que Jesús y sus primeros seguidores eran vegetarianos es fuerte. Las elocuentes escrituras de muchos de los primeros líderes de la Iglesia dicen que, citando a San Jerónimo: «Jesucristo, quien apareció cuando el tiempo se había cumplido, ha unido nuevamente el fin con el principio, así que ya no está permitido que sigamos comiendo carne animal». Considerando el predominio de santos vegetarianos sería peculiar que Jesús no fuera vegetariano.
De hecho, no existen escrituras en las cuales se diga que Jesús comió cordero, lo que él seguramente habría comido en la Pascua si no hubiese sido vegetariano. En los días de Jesús había muchos judíos que eran vegetarianos por su fe, como los hay en la actualidad. Los no-vegetarianos comieron cordero en la pascua, pero los vegetarianos comieron únicamente pan ácimo (pan sin levadura), como se puede ver que hizo Jesús.
La evidencia indica que los primeros relatos acerca del milagro de la multiplicación (la historia de los panes y los peces) no incluyeron el pescado originalmente. Jesús, cuando se refiere al milagro, habla únicamente del pan (Mateo 16,9–10; Marcos 8,19–20; Juan 6,26). Los peces fueron agregados a las historias por una variedad de razones, una de las cuales es que la iglesia cristiana fue y es identificada con el pez. La palabra griega para pez, ‘ictus', contiene las palabras que forman la frase «Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador» (Iesous Christos Theou Uious Soter). Los peces son un símbolo de los cristianos y la multiplicación es una profecía sobre la naciente iglesia de Cristo.
Siguiendo a Jesús hoy Millones de animales son sacrificados cada año para alimento. La mayor parte de ellos es criada en «granjas industriales» donde los animales son hacinados, se les cortan los cuernos, el pico y son castrados sin anestesia. Su desenlace es traumático y sucede después de un viaje generalmente terrible y doloroso. Cada uno de estos animales tiene la capacidad de sentir dolor y sufrimiento, al igual los gatos, los perros, otros animales y, de hecho, nosotros mismos. Sin duda alguna los cristianos deberían seguir al misericordioso Cristo siendo bondadosos con los animales, y no hay nada bondadoso en la manera en que éstos son criados y vendidos para alimento actualmente.














